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La Automatización y el futuro del trabajo

Por: Equipo de Battaglia Consultores

Con el advenimiento de la llamada Revolución Industrial 4.0, las grandes empresas productivas y
de servicios han comenzado a incrementar gradualmente la automatización y digitalización de sus
procesos, para ser más eficientes y competitivas.

Sin embargo, este paso evolutivo ha derivado en una creciente incertidumbre respecto del impacto
que las nuevas tecnologías digitales tendrán sobre el empleo tradicional.

Un reciente estudio de la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económico, OCDE,
publicado a mediados del presente año, establece que alrededor del 9% de los empleos poco
calificados en los países desarrollados y emergentes corren alto riesgo de desaparecer.

Otro trabajo, perteneciente a la escuela de Economía de la Universidad de Harvard establece que
el 80% de los puestos laborales reemplazados por sistemas automatizados, serán aquellos que
perciben menos de US$20 la hora.

Y si analizamos una realidad más cercana, nos encontramos con el estudio de la consultora
Mckinsey, de enero pasado, donde se estima que el 50% de los trabajadores chilenos (cifra
equivalente a 3.2 millones de puestos de trabajo) serán reemplazados por sistemas automatizados
en los próximos 20 a 40 años, especialmente en los sectores de retail, manufactura y actividades
extractivas.

Más allá de imaginar un mundo invadido por máquinas, algoritmos computacionales o Inteligencia
Artificial, hay que entender que esta evolución de la sociedad industrial no tiene vuelta atrás y que
llegó para quedarse, cambiar tradiciones, romper paradigmas y, en definitiva, crear nuevos tipos de
trabajo.

Una lógica simplista nos llevaría a pensar que se trata sólo de reemplazar hombres por máquinas,
pero lo cierto es que en realidad se reemplaza mano de obra poco calificada por otra de alta
especialización.

Es decir, estamos también ante un cambio en las estructuras de capacitación dentro de las
empresas, y al mismo tiempo de las mismas bases educacionales de un país, porque el minero, el
operador de fábricas o el reponedor de supermercados, por ejemplo, podrán aspirar a ser
programadores computacionales o ingenieros en robótica.

Es el momento entonces de que los gobiernos y también las propias empresas, adopten políticas
educativas y laborales conjuntas, haciéndose cargo de las dificultades que podrían tener los
trabajadores desplazados por la tecnología o abriendo nuevos caminos de desarrollo para aquellos
no aptos para acceder a nuevas oportunidades laborales, por su edad o su baja calificación dentro
de una sociedad cada vez más tecnológica.

Esta línea de trabajo fue debatida durante la última reunión del Foro Económico Mundial en la
ciudad de Davos, a comienzos de año, donde se llegó a la conclusión de que la Inteligencia
Artificial y la robótica llegaron para mejorar la calidad de vida y la economía, pero que si no se
adoptan políticas educacionales adecuadas, solo beneficiarán a unos pocos.

Y si el Estado no cuenta aún con las herramientas suficientes para reconvertir mano de obra
obsoleta, o de entrenar a las nuevas generaciones en los desafíos de la automatización, son las
empresas las llamadas a asumir ese objetivo.

Es un desafío complejo, pero más allá de centrarnos en un “escenario apocalíptico”, hay que tener la
suficiente flexibilidad y capacidad innovadora para adoptar métodos de estudio y formación
modernos. De este modo, se podrá entregar a la población productiva, tanto joven como adulta, la
oportunidad real de usar la Inteligencia Artificial y la automatización como aliados para el
desarrollo.

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